Mar Barbero de Zubillaga.
El envejecimiento facial es un proceso complejo que va mucho más allá de la piel
La doctora Silvia Rosón, cirujana maxilofacial recuerda que «comprender el rostro como una estructura tridimensional, integrada por hueso, grasa, musculatura y fascias, resulta fundamental para abordar cualquier proceso de rejuvenecimiento o corrección».
Desde esta perspectiva, Wonder Face y Wonder Visage se incorporan a su práctica como herramientas complementarias para trabajar sobre el componente muscular y la calidad cutánea en distintas etapas de la vida del paciente: antes de una cirugía de lifting, durante el mantenimiento posoperatorio y también en aquellos casos en los que no existe indicación quirúrgica.
«Uno de los aspectos que a veces se olvidan es que la musculatura contribuye a mantener los tejidos en su sitio», explica la doctora. «El foco no debería estar solo en los signos visibles del envejecimiento, sino en las estructuras que contribuyen al soporte y la armonía facial».
Especialista en Cirugía Maxilofacial y Cirugía Estética Facial, y Fellow of the European Board of Oral and Maxillofacial Surgery, la doctora Silvia Rosón ha desarrollado una trayectoria profesional vinculada al tratamiento integral de la anatomía facial, tanto desde el punto de vista funcional como estético.

Durante años, ha trabajado en la sanidad pública, atendiendo casos de elevada complejidad y participando en el abordaje de patologías que requieren cirugía reconstructiva. Esta experiencia ha contribuido a consolidar una perspectiva médica en la que el conocimiento profundo de las estructuras faciales y la preservación de su funcionalidad resultan esenciales.
A lo largo de su carrera también ha desarrollado su actividad en distintos centros hospitalarios de Madrid, con experiencia en cirugía oncológica y reconstructiva facial compleja. Su enfoque se basa en el análisis individualizado de cada paciente y en la integración de técnicas quirúrgicas y tratamientos complementarios para abordar las necesidades de cada rostro.
La decisión de incorporar las tecnologías Wonder responde a la forma en que la doctora Silvia Rosón entiende el envejecimiento facial. Para la cirujana, trabajar sobre la musculatura constituye un aspecto importante dentro de una estrategia integral de cuidado facial. En este sentido, destaca la posibilidad de utilizar estas tecnologías en diferentes momentos del paciente, siempre de acuerdo con sus necesidades específicas y su indicación médica.

Antes de una cirugía, Wonder Face y Wonder Visage pueden formar parte de una estrategia complementaria orientada a trabajar la musculatura y mantener su fuerza. «Podemos utilizarlo como complemento previo a la cirugía porque nos sirve para reposicionar parte de la musculatura o, al menos, para que mantenga esa fuerza. Después, con el lifting, se reposiciona todo. Así se consigue un resultado más potente», señala.
La doctora también valora que este tipo de aparatología no genera las cicatrices propias de otro tipo de equipos. Algo especialmente relevante cuando se contempla la posibilidad de realizar una cirugía en el futuro.
En pacientes que no tienen indicación quirúrgica, el tratamiento puede incorporarse a una estrategia preventiva centrada en las estructuras profundas.
Pero para Silvia Rosón, el cuidado facial no termina después de un lifting. La cirugía permite reposicionar las estructuras, pero el proceso natural de envejecimiento continúa.
Por ello, considera importante «mantener tanto la piel como la musculatura en buenas condiciones y prestar atención a factores que pueden influir en la evolución del rostro, como las variaciones importantes de peso».
El objetivo es cuidar las diferentes estructuras faciales para favorecer que los resultados quirúrgicos se mantengan durante el mayor tiempo posible. Desde su perspectiva, combinar el trabajo muscular con tratamientos dirigidos a la calidad cutánea permite abordar distintas capas del rostro y acompañar su evolución a largo plazo.
«Yo indico el trabajo con este equipo e incluso lo consumo», afirma. Y subraya la importancia de la constancia para el mantenimiento de los resultados.
Esta visión refleja una concepción del rejuvenecimiento facial que no se limita a corregir los signos visibles del envejecimiento, sino que contempla también el cuidado continuado de los tejidos.


